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Recursos para soñar

Por CATHERINE PIÑA

La aprobación de un préstamo para aumentar el número de politécnicos y dotar de recursos económicos, materiales y humanos a los nuevos y a los actuales abre un mundo de posibilidades para hacer más digna la vida de nuestros estudiantes.  Necesitamos de planes adecuados para asegurar que los recursos sean bien invertidos.

La Cámara de Diputados aprobó hace algunas semanas un préstamo que tiene años dando vueltas y que busca, por un lado, aumentar la cantidad de centros que ofrecen salidas de secundaria en la modalidad técnica y de artes, y por otro, fortalecer los existentes. Aún está pendiente la aprobación por parte del Senado y, en paralelo a que se concreten los pasos para que 70 millones de dólares lleguen al sistema educativo, el Ministerio de Educación trabaja en completar el plan estratégico que guiará sus acciones en los próximos años.

Aunque, como expuse en un artículo previo, no estoy de acuerdo en que todos los liceos sean politécnicos, sí lo estoy con que las modalidades técnicas y de artes amplíen su cobertura y en que al hacerlo, no se trate de algo cosmético como el cambio de nombre de Liceo a Politécnico, sino que se les habilite con los recursos económicos, materiales y humanos que permitan ofrecer a los estudiantes la formación académica correspondiente a la secundaria, además de capacidades para insertarse en el mercado laboral al salir de secundaria,  y con sus ingresos cubrir sus necesidades básicas para seguir estudiando.

Cuando pensamos en tener más politécnicos en el país, me atrevería a decir que nos anima la idea de reproducir en más regiones algunas historias exitosas como la del Politécnico Loyola de San Cristóbal, el Politécnico Loyola de Dajabón, los politécnicos cogestionados por los Salesianos, el Politécnico Ave María, el San Valero y la escuela de Sor Leonor, entre otros.

Los centros que se distinguen por sus egresados y egresadas y que son nuestro norte, han sabido hacer de tripas corazón, y se destacan por equipos de gestión que priorizan las experiencias de aprendizaje de los estudiantes. Estos equipos, con mucho esfuerzo, han logrado compensar la falta de recursos  procurándolos ellos mismos en otras arcas fuera del Ministerio de Educación. Entre sus estrategias ha estado la vinculación con organizaciones que se suman a la intención de que los estudiantes desarrollen el perfil que los conduce a una ocupación.

Tengo muchos ejemplos buenísimos que guardo no en mi memoria, sino en el lugar del que se alimentan mis intenciones y mis energías. Para nombrar uno, hace años fui a conocer el Politécnico Ave María curiosa por descubrir cómo lograban que, de su programa de Cuidados de Salud para Enfermería, salieran egresadas jóvenes que se insertaban inmediatamente en el ambiente laboral. En aquel momento descubrí que a pesar de haber estado ofreciendo el programa durante años, nunca habían sido provistos de los recursos propios de la carrera. Su equipamiento médico, prácticamente se reducía a un biombo en una esquina de un aula. Sin embargo, mientras esperaban recibir lo que manda el currículo, habían establecido acuerdos con centros hospitalarios amigos, y de esta forma, aquellas jóvenes (porque en aquel momento solo había mujeres cursando el programa) pasaban por un programa dual que había sido diseñado para ellas.

Una inyección de recursos hacia el sistema educativo como la que esperamos sea aprobada por el Congreso permitirá, si es bien utilizada, que muchos más jóvenes salgan capacitados para, en lugar de alimentar las cifras de desempleo juvenil, aumentar las que miden que más dominicanos y dominicanas consigan un primer empleo de calidad al momento de completar la secundaria.

Espero que el tiempo que se están tomando los congresistas para aprobar el proyecto tenga que ver con ser minuciosos en asegurar que hay planes operativos en el sistema educativo a la altura del reto que queremos enfrentar.

“Yo tengo un sueño” dijo Martin Luther King, y desde entonces, ese sueño, empezó a convertirse para un territorio en acciones que, poco a poco, van evolucionando la realidad hacia una en la que la palabra “dignidad” es mejor entendida y respetada por todos. Para los dominicanos existe un sueño listo para ser soñado, uno en el que los espacios escolares abren puertas al futuro.

Puedo escuchar a Montesinos llamando desde el púlpito a que nuestras acciones sean el reflejo de un interés genuino y que todas nuestras decisiones prioricen el bienestar de nuestros ciudadanos.

Artículo creado para el periódico: Acento

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